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lunes, mayo 19, 2008

Costalero de Sevilla


“Costalero de Sevilla, que orgullo debes llevar, el costal, las zapatillas y la faja reliá.”

Así reza una sevillana de Cantores de Hispalis. Y es cierto, es todo un orgullo ser costalero y ejercer de cirineos que ayudan Cristo en su camino al Calvario.

La figura del costalero sevillano es desconocida en el resto de España, y hasta en el resto de Andalucía. El costalero es un hombre que llegada la cuaresma cesa en sus quehaceres diarios y saca tiempo de estar con su familia, de ver a su novia, de su momento de asueto, incluso cambia turnos de trabajo con sus compañeros para poder acudir a los ensayos. La cuadrilla es más hermandad, que la propia hermandad, pues es mucho el sufrimiento que se pasa bajo las trabajaderas. Las trabajaderas son los palos que recorren a lo ancho el paso, y donde se apoyan los costaleros para levantarlo. Los laterales del paso se llaman costeros, el frontal se denomina delantera y la trasera no necesita explicación.

Desde que en los años setenta se formara la primera cuadrilla de hermanos costaleros, todo ha evolucionado. Durante los ensayos, es pintoresco ver estampas de costaleros que están fuera del paso, hablando por el móvil, pues muchos son hombres de negocios, otros llaman a sus novias, a las que no han podido ver ese día.... Bajo la trabajadora son iguales, el juez, el médico, el policía, el estudiante y el parado. Solo manda el capataz y sus auxiliares le sirven de “eco” allí donde no llega bien su voz.

El término costalero viene del utillaje utilizado por estos hombres. Sacos perfectamente apañados para el momento, con un rollo de trapo apretado que se ubica entre el “palo” y el cuello del costalero.

Para cualquier católico de Sevilla es un inmenso honor ser costalero, y hasta para sus familiares. Desde pequeños soñamos con ese bendito trabajo de sufrir bajo las trabajadoras de una paso, soportando kilos, calor.... y sobretodo inmerso entre corazones cristianos que con Fe caminan llevando al Señor y a su madre Bendita sobre ellos mismos.

Aun recuerdo mi niñez cuando veía a esos hombres con costales sobre sus cabezas, para mi eran mejores que supermán, eran capaces de soportar el peso de la cruz y “del condenado a muerte”.
“Cuando murió mi padre, dejó de herencia, un costal y una faja de penitencia”. Es parte de una sevillana de Cantores de Hispalis, escrita por Pascual González. Magnífica herencia para un hijo sevillano, católico y cofrade.

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