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martes, julio 17, 2007

Paseando por Sevilla


Antes de que pueda marcharme a la costa a intentar paliar un poco este calor, no tan sofocante este año, decido dar un paseo por mi "Edén", Sevilla.


Comienzo el paseo como un rey, tanto es así que saludando a Antonio, el de la tienda de ultramarinos de la Puerta Real, en lugar de decirme adiós, me dice "majestad". Continuo por Alfonso XII, y me recreo en la plaza del Museo. Buscando lugares frescos y con sombras, decido tirar por Monsalves. Aquí voy a parar, en una abacería que existe aquí, y que fué a donde yo llevé a mi novia la primera vez que osó compartir unos minutos conmigo. Me convido a una copita de vino, de vino de aquí, trago largo, que refresca, Manzanilla. Pero no todas las Manzanillas son iguales, es más, no todo a lo que llaman manzanilla es digno de llevar ese nombre. Yo sólo tomo Aurora, la mejor con diferencia, (verdad Don Carlos, Sr. Herrera, maestro).


Y vamos a tirar "palante" que.... Otra pará, esta vez para ver a la Virgen de la Concepción. Sevilla es mariana y llevamos a orgullo defender el Dogma de la Inmaculada Concepción. Nunca entendí porque no se llama mi ciudad Sevilla de la Concepción.


Prodigo mi "viaje" y recalo en la Plaza del Duque de la Victoria. No puedo evitarlo, siempre que me encuentro allí, veo capirotes, nazarenos que caminan descalzos, tambores que quiebran el silencioso recogimiento y trompetas que acarician el atardecer sevillano. La Campana, "mar" en el que desembocan cuatros "ríos" cofrades, Tetuan, Odonell, Alfonso XII y Duque de la Victoria. La Campana, donde existe una hamburguesería que parece que lleva allí desde el siglo XIX, y era donde quedaban intelectuales de la época para sus tertulias.


Me encamino por Sierpes hasta llegar a Sagasta, voy a parar a la Plaza del Divino Salvador, saludo al Maestro, Martínez Montañés. Me santiguo ante la Cruz que está según se sube la cuesta del Rosario, y llego a la Mina. Aquí vuelvo a parar, y me deleito con una cervecita "calentita". Marcho en dirección a la Alfalfa, rincón de grandes cofrades. Y allí se me hace la boca agua con sólo ver el letrero de Almansa, que carne tan rica. Pero es en la tienda de ultramarinos de al lado de Casa Diego donde me tomo un botellín.


Y ya seguiremos, porque me he encontrado con unos personajes, que me van a "enreá". Con Dios señores, queden con Dios.

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